En el corazón de los imperios del África Saheliana, punto neurálgico de caminos y encuentros de caravanas transaharianas, se descubre la República de Mali. Su pasado legendario se deja sentir en cada aldea, surgiendo entre el polvo del desierto o en las fértiles orillas de los ríos. Este país, dos veces más grande que España, tiene paisajes demasiado extensos y diferentes, así como un variado mosaico étnico difícil de unir en un sólo concepto.
Mali ofrece al viajero una tierra llena de arte, historia y cultura, donde el tiempo parece haberse detenido. Quedaron para los mitos ciudades como Tombuctú, Gao o Yenné, ancladas al borde del desierto. Mali también acoge a las principales capitales del pueblo Dogón, que posee una de las culturas más fascinantes de África.
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